domingo, 19 de febrero de 2012

Reflexiones

A finales del trimestre pasado, llegué a replantearme si quería continuar o no estudiando chino. Llegué a estar tan desmotivada con las clases que realmente no me apetecía ir más. Sin embargo, no quería verme en la tesitura de tener que abandonar simplemente porque no me gustaran las clases, la profesora ni el horario (¡viernes de 18 a 21h resulta agotador después de toda la semana trabajando!). Me hace mucha ilusión aprender chino y abrirme al mundo asiático, y no estoy dispuesta a dejarlo tan fácilmente. Así que he decidido cambiar de rumbo e inscribirme en otra escuela. Ahora estoy en International House donde, si bien es cierto que las clases siguen sin ser lo comunicativas que a mí me gustaría, creo que todo se acerca más al concepto que yo tengo de clase.

Evidentemente, me he dado cuenta de que tengo que cambiar de expectativas, que no puedo obtener lo que yo quiero. Aceptar eso me ha ayudado muchísimo. Sin embargo, ha habido otros dos factores que creo que han contribuido: por una parte, que el horario no sea tan intensivo. Ahora voy dos veces por semana, una hora y media. De esta forma, puedo aprovechar al máximo la hora y media en la que estoy expuesta al chino y, en cierto modo, también me obligo mucho más durante la semana a estar en contacto con él. Tengo más deberes, practico mucho más,… Y parecerá una tontería, pero el sentarme cada día un ratito me ha hecho dar un salto impresionante. En menos tiempo del que me esperaba, me he puesto a leer textitos todos escritos en Hanzis, sin pinyin.

El otro factor que creo que ha contribuido a sentirme más contenta es el ambiente de clase. La profesora está mucho más centrada en la clase, prepara la sesión, sistematiza en la pizarra, y está mucho más pendiente de los estudiantes, de cómo nos sentimos, de qué echamos de menos en el aula,… Me gusta ver que puedo preguntar cuanto quiero y que da respuesta a mis necesidades. En la anterior escuela, no siempre era así. Además, y a pesar de que yo siempre había defendido lo contrario, el hecho de que seamos 5 en lugar de 12 o 13, creo que favorece definitivamente al aprendizaje. En el centro donde trabajo, siempre hemos defendido que trabajar en grupos de 14 o 15 (que es lo que tenemos ahora) era mucho más enriquecedor, pero empiezo a dudar de esta idea. Si bien es cierto que te da más posibilidades para hablar con compañeros diferentes, a todos nos gusta, cuando estamos aprendiendo a hablar en una lengua extranjera, que se nos monitorice, que se nos observe y que se nos dé retroalimentación. Evidentemente, esto se lleva a cabo mejor cuando el grupo es reducido que cuando el grupo es tan grande.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Lengua escrita y lengua oral

En la clase de la semana anterior, tuvimos que decir cuáles eran nuestros planes para navidad, pues estábamos practicando los complementos de tiempo. Al decir que me iba a Hong Kong, la profesora me dijo: ¡¡Qué pena!! Allí hablan cantonés y no podrás practicar lo que has aprendido hasta ahora. Y así es. Aunque para nosotros sea todo “chino”, lo es y no lo es. Si ya es difícil hablar de dialectología en español por la gran extensión geográfica en la que se habla, si ya provoca discusiones al hablar de lengua estándar, de la variante que se debería enseñar, etc. etc. etc., al referirnos al chino, las diferencias abruman. Y aún más cuando se llega a entender que la lengua oral china y la escrita, no guardan relación alguna, como sí sucede mínimamente en español. Que una cosa es la lengua escrita, que sí es estándar, y otra es la lengua oral, que no tiene absolutamente nada que ver lo que escrita. Ni por casualidad. Es otra forma de entender la lengua y su plasmación.


Justo esta mañana, leyendo en el tren, he encontrado un párrafo en la novela que me estoy leyendo estos días, El puerto de los aromas, de John Lanchester, que creo que no puede dar mejor cuenta de lo que realmente es esta lengua:


“[…] El chino son dos cuerpos lingüísticos que no tienen nada que ver entre sí, por un lado el hablado y por otro el escrito. El escrito es igual en todas partes, y sin embargo el hablado es diferente. El lenguaje escrito permite que un erudito de Fukien se escriba con otro de Pekín, aunque las palabras que pronuncien al ver los caracteres sean completamente distintas, igual que un matemático de Moscú y otro de París pueden leer las ecuaciones del otro, a pesar de que no se entiendan hablando. Pero el lenguaje escrito es complicado, alusivo, y no guarda ninguna relación con el cantonés hablado […].”


Lanchester, J. (2002). El puerto de los aromas. Editorial Anagrama: Barcelona, 2004.

Traducción de Javier Lacruz.

lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Ir o no ir? Ese es el dilema

Este viernes pasado no fui a chino. Estaba saturada, de mal humor, y pensé que necesitaba tiempo para mí. Ir a clase me iba a suponer enfadarme más conmigo misma y con la profe. Me cuesta aguantar esas 3 horas del tirón sin tiempo para asimilar y a una velocidad a la que mi cerebro (¿ya?) no puede procesar. Así que finalmente decidí que, para ir a regañadientes a una sesión en la que se iba a hacer una actividad del manual tras otra, sin explicación interesante alguna, sin aportación enriquecedora alguna, mejor me quedaba en casa y hacía lo mismo pero a mi ritmo, tranquilita.

La tarde pasó de ser oscura, a ser una bonita tarde de viernes. Interesante. Desestresante, sin duda. Me encanta hacer caligrafía. Me relaja muchísimo. Y, sobre todo, me alegraba saber que me había perdido poco. Es más, sé que gané mucho. Disminuí la ansiedad que me estaba causando el curso últimamente porque no puedo seguir el ritmo, porque llevo dos semanas con el chino medio abandonado, porque tengo muchos cabos sueltos que necesito ir atando yo misma... Y eso fue a lo que me dedique. A ir cierrando lagunas.

Sin embargo, no puedo evitar pensar en la "derrota" que ha de significar para un profesor el que un alumno prefiera quedarse en casa antes que asistir a clase. Para mí, es ahí donde está el valor añadido de una enseñanza de calidad: cuando el alumno siente que no puede perderse una clase, que no quiere dejar de ser partícipe de eso que hoy van a vivir sus compañeros, de todo lo que van a descubrir, a construir... Y, desde luego, yo no me siento así. Definitivamente, la implicación del alumno en el proceso de enseñanza-aprendizaje y la motivación son y han de ser valores clave de una enseñanza, para mí, de calidad. Algo por lo que como docentes, debemos velar en cada una de nuestras sesiones.

sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Con qué lo puedo relacionar?

Hasta ahora, el serbio me había parecido una lengua complicada por lo "alejada" que me parecía del español si la comparaba con otras lenguas que había aprendido. Sin embargo, desde que me aventuré en esto del chino, me doy cuenta de que todavía puede haber lenguas más complejas a medida que aumenta la distancia (y no precisamente física, que también) de cómo se entiende el mundo, de cómo se piensa en una lengua.

En serbio, agradecía que con cierta frecuencia aparecieran palabras o expresiones como nerviras me, ne interesuje me, radiator, semafor, komplikovano, interesantno, simpatican, salon, kafa... transparentes para cualquier hispanohablante. También había muchas alemanas (teppich, strand...), y saber alemán me ayudaba muchísimo a entenderlas aunque hubieran sufrido un proceso de adaptación al serbio.

Sin embargo, las cosas se complican cuando hago el esfuerzo de aprenderme el vocabulario en chino. Me cuesta muchísimo más y veo como única solución recurrir a asociaciones "tontas" que, desde mi mundo, tienen sentido y me facilitan la tarea. En ocasiones, son asociaciones lingüisticas; en otras, tienen carácter más enciclopédico. Describo a continuación algunas a modo de ejemplo:

En chino, el nombre de muchos países acaba en GUÓ, que significa país, por lo que solamente he tenido que hacer un esfuerzo extra por intentar aprender la primera parte del nombre de estos países.

- DE-GUÓ (Alemania). Este país siempre lo he relacionado curiosamente con la sílaba DE porque en la zona donde pasé mi infancia, vive una importante colonia alemana cuyos coches llevan a menudo la pegatina DE, de Deutschland (Alemania).

- YING-GUÓ (Inglaterra). En español, el nombre de este país (Inglaterra) comienza por ING, lo que coincide con las tres letras finales de esta sílaba (Y-ING).

- FA-GUÓ (Francia). Tanto el nombre del país (Francia) como de la lengua en español (francés) empiezan por FRA; sin embargo, la R es una de esas consonantes complicadas para los chinos, por lo que es mejor dejarla a un lado.

- ZHONG-GUÓ (China). Para memorizar la primera parte del nombre de este país, he tenido que hacer dos asociaciones. Por un lado, me he centrado en la parte de la sílaba HONG, que unida a KONG, da lugar al nombre de una ciudad por la que en estos momentos siento gran atracción: Hong Kong. Por otro, la combinación ZH, con un sonido bastante complicado para cualquier español, la vi por primera vez en el nombre de una ciudad china a la que se dirigía nuestro tren: Senzhen, curiosamente, muy cercana a Hong Kong.

Y de esta manera, voy estableciendo relaciones entre sonidos chinos y conceptos, historias, etc. que tengo en mi mente y que me ayudan a retenerlos.

Analizando mi trayectoria como profe, me doy cuenta de que sólo recuerdo en una ocasión a lo largo de estos seis años en la que propuse una actividad en la que había que utilizar la memoria para recordar palabras nuevas en español y explicar qué había pasado por nuestras cabezas para intentar memorizarlas. ¿Por qué no compartir estos pensamientos? Estoy segura de que nos podrían ayudar a todos a recordar mejor.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Organizando los contenidos

Otra semana más se me acumula otro listado de palabras para memorizar, y es que en cada lección el manual ofrece un puñado de palabras que, a mi parecer, no tienen relación ni sentido así puestas. A saber: este, ese, cuál, país, persona, médico, poder, entrar, por favor, China, profesor, alemania, Francia, ser,... Me cuesta. Me cuesta aprender el vocabulario así puesto que el único criterio al que responde es permitirle al estudiante traducir el diálogo de laboratorio que viene en esa lección.

Así que aplicando todo aquello que aprendí en la universidad sobre mapas conceptuales, he decidido organizarme el vocabulario en fichas organizadas a patir de un campo semántico y en las que voy dando cabida a información de distinto tipo. Por ejemplo, he creado una para las nacionalidades. En ella, he hecho constar no sólo el nombre de los países, sino también la pregunta que se utiliza en chino para preguntar por la nacionalidad (ni shì nà guó ren?), o la lengua que se habla en cada país (Hanyu (chino), Feyu (francés), Yingyu (inglés),...), así como el verbo con el siempre se coloca la nacionalidad (shì).


MAPA CONCEPTUAL DE LAS NACIONALIDADES


Algo similar he hecho para algunas situaciones concretas, por ejemplo, conocer a una persona por primera vez. En esta ficha he recogido expresiones y palabras relacionadas que he ido uniendo de las lecciones 2 y 3. Por ejemplo: he incluido palabras aisladas como renshi (conocer), estructuras ya un tanto fijadas como zhè shì... o nà shì... (este es/ese es), expresiones del tipo renshi nin hen gaoxing (encantado de conocerle), preguntas básicas relacionadas con esta situación comunicativa como nin guixing? (¿Cómo te llamas?)), o incluso anotaciones de carácter cultural, como que los chinos no preguntan nunca por el nombre, sino por el apellido, por lo que guixing se traduciría literalmente como apellidarse. A lo sumo, podrán presentarse como wo guixing Ferrer, jiao Ferrer Àngels (me apellido Ferrer, me llamo Àngels Ferrer), por lo que en realidad el peso se le da al apellido que, además, suele acompañar a la profesión. En cualquier caso, el nombre está reservado para entornos muy, muy íntimos. Nos contaba la profesora que incluso entre hermanos se llaman primero por el apellido y después, por el nombre, pero jamás utilizando únicamente el nombre. Curioso.


MAPA CONCEPTUAL PARA CONOCER A UNA PERSONA


En cualquier caso, y volviendo a los mapas conceptuales, me gusta organizar lo que aprendo de esta manera. Siento que solo así soy capaz de apropiarme de todos esos contenidos que aparecen desperdigados en el manual y que en clase tampoco sistematizamos. Algo que me gusta de estas herramientas es su flexibilidad y, sobre todo, su carácter abierto, ya que me permiten ir ampliándolas a medida que mis conocimientos van aumentando a lo largo del curso o de mis experiencias personales.

Y creo que en mis clases los suelo trabajar bastante, por no decir mucho. Solemos empezar muchas unidades así, viendo qué sabemos sobre el tema y recuperando el documento en varios momentos de la lección para ir añadiendo todos los conocimientos que hemos adquiridos. Por supuesto, el documento queda abierto, si bien creo que son pocos los estudiantes que volverán a él y añadirán. Quizá eso sería algo a proponerme cuando vuelva al aula para ayudarles a cerrar esa rueda que implica el aprendizaje.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mi primera lectura

La semana pasada no pude ir a clase, por lo que la profesora me dijo que trabajara por mi cuenta la lección 3, algo que no me apuró demasiado teniendo en cuenta la forma que tenemos de trabajar en clase.

Así pues, esta semana me he visto enfrentándome por primera vez a mi prrimer texto en chino. Admito que con ayuda: versión en pinyin y con separación de pictogramas, y es que los textos chinos normalmente no tienen espacios, sino que va todo de corrido. No lo necesitan, dicen.

El reto me ha gustado, sobre todo, ver cómo iba activando todas las estrategias que suelo utilizar con mis estudiantes para ir “descubriendo” el significado del texto. ¿Qué he hecho?

1º: He identificado el tipo de texto del que se trataba: era un diálogo entre Ding Libo, uno de los personajes del libro, y su hermano mayor, que es lo que significa la palabra gēge en chino.

2º: A continuación, he ido leyendo el diálogo subrayando aquellas palabras que ya conocía.


2º: Acto seguido, he intentado ir a las hipótesis que veía más claras. Sabía que wŏmen era nuestro/a y lăoshī profesor/a. He confirmado que era profesora al acudir al pictograma, que sí tiene marca de género. Ya había identificado, por lo tanto, el sujeto del que hablaban: la profesora de Ding Libo.

3º: Después, me ha sido inevitable acudir a las etiquetas de las funciones. Saber qué es una función y que precisa de una estructura para materializarse, me ha facilitado el llegar a la conclusión de que la pregunta Tā shì nă guó rén? sirve para preguntar la nacionalidad en chino. Además, mis conocimientos de lengua china, me han permitido saber que estaban preguntando por la nacionalidad de la profesora, ya que el sujeto de la frase era tā (ella).


5º: He intentado hacer lo mismo con la primera pregunta, que me he imaginado que era ¿Quién es esta?, ya que la función "identificar a una persona" me llevaba a ella.


6º: Identificado ya gran parte del significado del diálogo, he visto que podía continuar por dos frentes. Por una parte, se repetía casi siempre la palabra shì. Aparecía en la pregunta ¿Quién es esta? (nà shì shéi?); también en la frase Esta es nuestra profesora (Nà shì wŏmen lăoshī). Y finalmente en ¿De dónde eres? (Tā shì nă guó rén?), de forma que la intuición (o algún tipo de procedimiento para el que soy incapaz de encontrar un nombre o identificar) me ha llevado a imaginar que se refería al verbo ser. Lo he comprobado en el diccionario, y así era.

Por otra parte, en la última frase, Tā shì Zhōngguó rén, tenía un pictograma que reconocía: rén, que significa persona. ¿Ella? ¿es? ...... ¿persona?


Mis conocimientos de la lengua china (escasos, pero útiles para la ocasión) me han hecho pensar en que el orden de los elementos tenía que ser diferente probablemente al que ocuparían en español. Es algo en lo que la profesora siempre insiste: en cuán diferente es el orden de los elementos en una lengua y en la otra. Así pues, teniendo presente que la frase tenía que dar respuesta a la nacionalidad y contando con el factor orden, sabía que en la respuesta tenía que aparecer la nacionalidad de la profesora. Se me escapaba la palabra Zhōngguó, que ha sido una de las que he tenido que consultar en el diccionario. Significa China.

7º: Finalmente, he comprobado las palabras en el glosario de la unidad y me he alegrado de ver cuánto he podido descubrir por mí misma. Solamente he necesitado corregir que nà no significa este/a, sino ese/a, aquel/aquella, además de descubrir el significado de palabras puntuales que había descubierto por el contexto. Por ejemplo, que nă significa cuál, y que guó es país.

Volviendo la cuestión del orden, no he podido pensar en cuál sería la traducción literal de la pregunta en español: ¿Tu eres cuál país persona?. Me huele que voy a tener que acudir muchas veces a la traducción literal para poder ir vislumbrando un poco cómo se construye en chino. De lo contrario, me veo incapaz de retener la información.

Pero bueno, ese es otro capítulo. Creo que la prueba de hoy, la lectura del texto, es prueba superada.


domingo, 23 de octubre de 2011

Ni el método ni la metodología

Quisiera olvidar que soy profesora de lenguas cada vez que entro en un centro de idiomas y me propongo aprender uno nuevo o mejorar en alguno de los que ya he empezado. Sufro. Sufro cuando veo cómo se pierden oportunidades de aprendizaje o cómo enfoques poco orientados a la acción ralentizan el proceso de aprendizaje. Y sobre todo, envidio al resto de mis compañeros por ver tan positivamente todo lo que se hace en clase y verle la utilidad.

Después de 10 horas de chino, puedo pedir un café pero todavía desconozco cómo decir mi nombre, a qué me dedico o cuántos años tengo. Sé cómo decir que mi madre está muy ocupada, pero no sé como dar los buenos días o cómo despedirme. ¡Una pena! Y eso pasa por tener un manual poco o nada orientado a la acción a pesar de estar lleno de “diálogos” (acompañados, por supuesto, de un vídeo en el que las actuaciones de los actores son muy naturales), y por tener un docente que sigue rígidamente el orden del manual. Y lo más curioso: se queja de que no le gusta el libro. ¿Y cómo así no se plantea cambiar el orden de las actividades? ¿Adaptarlas? Siempre he sido partidaria del trabajo con manual. Da seguridad a un alumno, marca la línea del curso, pero caemos en un grave error cuando pasamos a ser esclavos del mismo y, sobre todo, cuando somos incapaces de alternar las actividades conforme a las necesidades que tengamos. De ahí que, en la clase de chino, cinco minutos los dediquemos a fonética (puesto que en las páginas impares tenemos fonética), y los cinco siguientes estemos haciendo gramática (que viene en las páginas pares) Y así, sucesivamente. Total, un caos.

Quizá sea una maniática de la contextualización, pero me parece fundamental, así que concebir que cada cinco minutos se cambia de actividad, sin seguir una línea concreta, un objetivo concreto, me desorienta. ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy aprendiendo? Ante esta forma de trabajar, lo único que me ayuda es llegar a casa e intentar organizarme los apuntos conforme a una lógica (no siempre comunicativa, por desgracia), que me ayude. Pero ahí el trabajo le corresponde, también en parte, al profesor. Me doy cuenta de lo importante que es tener una planificación bien hecha y saberla llevar a clase para garantizar un aprendizaje satisfactorio por parte del alumno.

De hecho, tal y como está planteado ahora el curso, admito que me genera cierto estrés hacer las actividades de chino en clase. Las de fonética, porque son listados y listados de palabras cuyo tono tengo que reconocer, pero cuyo significado desconozco. Aparecen sueltas, sin contextualizar, y si bien el objetivo es reconocer el tono, no me ayuda trabajar sin saber muy bien lo que estoy haciendo, lo que estoy diciendo. Bien podrían ser palabras que existen, o bien que no. Lo mismo me daría, pues todo me suena a chino, nunca mejor dicho.

Por si alguien no lo sabe, en chino, cada vocal tiene 4 tonos. Dejo aquí un link de material preparado por el Instituto Confucio para que podáis ver las diferencias:

Ir a PRONUNCIATON PRACTISE

Pulsar sobre cada vocal


Me pregunto si, en cualquier caso, no resultaría más efectivo trabajar el tono de las 10 palabras que han aparecido en la unidad y que son las que tengo que recordar esta semana. Otro aspecto que me angustia es el escuchar las pistas una única vez y sin pausas entre palabra y palabra. Siento que el oído me pide más. Quisiera volver a escucharlo para familiarizarme con estos tonos, con la pronunciación de estas palabra, que creo que es al fin y al cabo el propósito de todos estos ejercicios que estamos haciendo. Pero ahí es cuando la profesora comenta: “Bueno, no es necesario, es que esto es muy fácil”. ¿Fácil para quién?, me pregunto yo.

Algo similar ocurre con las actividades de gramática, que acabamos en cinco minutos porque “son muy fáciles”, “porque esta lección no es complicada”. Echo de menos el uso de la pizarra, que me expliquen, que me den tiempo para asimilar. Si ya antes intentaba que el momento de sistematización de conocimientos nuevos fuera escrito, pues según Olga Esteve ayuda a fijar, ahora más que nunca estoy convencida de ello. La pizarra es fundamental, así como el tiempo de asimilación. Que a mí me parezca fácil porque sé que hay cosas más complejas en mi lengua, no significa que lo sea para el alumno.

Pero me da la sensación que soy yo sola la que se queja. ¿Quizá porque soy consciente de que hay otras formas de hacerlo, de llegar mejor al alumno? Una de dos: o mi cabeza está saturadísima con información de otro tipo y no consigo concentrarme, o la gente se prepara las lecciones por adelantado. Si no, que me lo expliquen.